Dejar un mal hábito, un paso a la vez
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Conocemos esa sensación de cultivar un mal hábito cuando hacemos algo que no nos hace sentir bien. Peor aún, estos hábitos nos pesan cada vez más con el paso del tiempo. En nuestra juventud, esto puede manifestarse como una cierta actitud rebelde ante la vida. Presumimos nuestro mal hábito como una forma de demostrar que no somos seguidores. Tomamos nuestras propias decisiones y, si están mal, qué más da.
Después de todo, la vida no es perfecta, ¿por qué deberíamos serlo?
Pero con el tiempo, este tipo de comportamiento empieza a pasarle factura. A medida que pasan los años, nos damos cuenta de que la única persona a la que perjudica es a nosotros mismos. Sea como se manifieste, ya sea en nuestro comportamiento, nuestro estado de ánimo, nuestra forma de pensar o comer, la percepción que tenemos de nosotros mismos o de la vida («vida estresante»), el mal hábito nos atrapa en un papel que poco a poco empezamos a despreciar. Este estado mental está lejos de favorecer nuestro desarrollo, que es el curso natural de la vida humana. Al cultivar buenos hábitos y abandonar los malos, crecemos de forma constante y alegre hacia el punto culminante: nuestra unificación con el cosmos, nuestro regreso al origen, a lo infinitamente grande. En mi opinión, de eso se trata la vida: aprovecharla al máximo, emanciparnos y liberarnos, paso a paso, de los malos hábitos que nos pesan y sustituirlos por buenos hábitos que nos hacen sentir bien. La vida es corta y preciosa. Es posible sentirse mejor dejando los hábitos perjudiciales. Aquí tienes algunas reglas sencillas que pueden ayudarte a cambiar rápidamente un mal hábito por uno bueno.

Para dejar un mal hábito, es importante sustituirlo por uno bueno, por pequeño que sea. Adoptar un nuevo hábito que nos haga sentir bien nos llevará a una sensación de bienestar que inspirará otros buenos hábitos. Sentirse bien nos reconecta con nuestro interior, lo que revela lo que realmente nos define como individuos, lo que nos hace felices y, a largo plazo, lo que realmente queremos en la vida. Puede ser tan sencillo como dar un paseo, bailar, dibujar, escribir, cocinar, empezar un proyecto que sea importante para nosotros, etc. Lo importante es que sea un momento para nosotros, que refleje nuestros intereses y que lo practiquemos todos los días durante al menos 20 minutos :) en este sentido, dejar un mal hábito es una decisión consciente que debemos tomar y llevar a cabo cada día. Algunos lo llamarían autodisciplina, pero yo prefiero llamarlo un ejercicio consciente de volver a uno mismo, una conexión con uno mismo que debe realizarse a diario, sin excepción. ¿Cargas tu teléfono móvil todos los días? Creo que sí; muy poca gente se olvida. Sin embargo, nos olvidamos de nosotros mismos y nos volvemos extraños ante nuestros propios deseos. Un nuevo hábito que nos haga sentir bien puede acabar con un mal hábito. Esto es más que un intercambio justo, es la clave del crecimiento personal.
Para dejar un mal hábito, podemos simplemente tomar el camino más corto y meditar. Este ejercicio sana rápidamente nuestras heridas, juicios, inseguridades y bloqueos si practicamos a diario. De hecho, la meditación abre la puerta a nuestro interior, que es más grande que nuestras creencias limitantes. Al cerrar los ojos y sentarnos con las piernas cruzadas en una zona tranquila de la casa, nos damos cuenta de quiénes somos realmente: seres multidimensionales que tenemos la suerte de estar en la Tierra por una razón única para cada uno de nosotros. Entendemos que nuestros hábitos negativos son barreras para las múltiples posibilidades que se nos presentan. La vida se convierte en el escenario de una realidad en la que podemos pensar de manera diferente, si tan solo nos tomamos el tiempo para calmar la mente y escuchar nuestra voz interior. La vida se convierte en una aventura y el ejercicio de la meditación es el camino de regreso a casa.

Algunas de las diversas terapias disponibles que he probado y que he encontrado beneficiosas incluyen: la psicoterapia, la arteterapia (¡el poder de la creatividad!), la terapia de sonido (fantástica para los que llevan el canto en la sangre), la masoterapia (sí, nuestros cuerpos son inteligentes y contienen traumas perjudiciales que pueden aliviarse con masajes). Estas son relaciones beneficiosas que deben mantenerse regularmente, año tras año.
Sobre todo, ¡disfruta del viaje!